No hay presente -
Dialéctica para un
Existencialismo Revolucionario

Basílica de San José de Flores; monumento aL GENERAL Juan Martín Mariano de Pueyrredón, uno de los personajes más importantes de la guerra de la independencia.


A medida que fui profundizando en la lectura del marxismo y en el desarrollo de herramientas teóricas que proveen de palabras para analizar los fenómenos de la realidad al interior del sistema capitalista de producción, he logrado identificar que varias herramientas de análisis se han mostrado insuficientes no tanto desde un punto de vista argumentativo, sino desde un punto de vista práctico. Las categorías de análisis del marxismo no han sabido conjurar la potencia necesaria para transformar la realidad al no haber podido conectar la teoría, con la necesidad y el deseo de cambiar la realidad. 

Puede pensarse que es tarea de cuadros y activistas el revitalizar el lenguaje para a través de los discursos y las distintas formas de la propaganda, devolverle la potencia revolucionaria al marxismo. Pero nos es menester, formular de forma clara la crítica para poder abordarla de manera directa, y poder entender de qué estamos hablando cuando se trata la impotencia revolucionaria de la teoría marxista.  

No hace falta desarrollar de manera exhaustiva los males que aquejan a la sociedad en la que vivimos de amplio desarrollo técnico de los medios y dispositivos de comunicación controlados casi en su totalidad por las principales empresas que financian los gobiernos imperialistas de occidentes, y con ellos todo un ejército de científicos de todas las especialidades imaginables puestos al servicio de los algoritmos que generan y reproducen una realidad a través del desarrollo de tendencias basadas en los datos obtenidos tras innumerables estudios, encuestas e investigaciones que analizan la relación entre los estímulos y las respuestas fisiológicas del ser humano.

Lo que sí es necesario dejar en claro, es que el criterio de análisis y tratamiento de la información no sigue un criterio humano, sino que el criterio lógico a partir del cual se le da tratamiento a la información obtenida, son los mismos que esconde el corazón de la explotación capitalista: la extracción de plusvalía mediante la alienación de la capacidad transformativa de la realidad y de la fetichización de la acumulación.

En otras palabras, un engaño para beneficio de pocos.  Los algoritmos buscan que la personas pasen más tiempo de sus vidas frente a los dispositivos de comunicación, y a través de esta operación generar espacios desde los cuales poder influir directamente en el comportamiento de las personas, tanto desde el plano del consumo, para usos con fines políticos afectando la opinión, y en definitiva la forma en que las personas desarrollan sus vidas a través de la exposición constante a discursos afines a los intereses de las ganancias de los capitalistas y sus agendas políticas.

¿Puede a esta altura acaso alguien estar en contra de la idea de que la realidad está armada para beneficiar a pocos en lugar de a las mayorías? Ahora, aparece en este simple análisis algo que no le es ajeno a la crítica de la realidad y del sistema capitalista, y es que en principio, toda esta operatoria es posible a través de una ficción alquímica casi inimaginable fuera de las ficciones góticas sobre vampiros que se alimentan de sangre para extender su supuesta condición inmortal, que no es tal, porque puede ser destruida por la fuerza, o por el contacto con la luz: el robo del tiempo y de la vida .


                                                                                      Esto puede parecer algo terriblemente                                                                                 obvio, y en gran medida, lo es. Sin                                                                                 embargo, la palabra tiempo,                                                                                aparentemente ajena al lenguaje y las                                                                                          categorías marxistas más agudas. Es                                                                                     la pretensión de este esfuerzo teórico,                                                                                      reivindicar la noción del robo del                                                                                     tiempo y a través del análisis de la                                                                                          misma, evidenciar de manera más                                                                                       clara los efectos del capitalismo y                                                                                                 pensar desde allí, una metodología                                                                                   de análisis y explorar las distintas consideraciones estratégicas posibles de ser pensadas a partir de este giro teórico de fuerte carácter estético a la vez que se lo vincula, con otros análisis previos de la teoría marxista. 

Cuando se analiza que lo que los algoritmos buscan es, concretamente tener a las personas más tiempo frente a los dispositivos electrónicos, sea a través del consumo de contenido y del desvío de actividades que antes eran realizadas por fuera de los mismos, lo que se revela es el factor tiempo como principal herramienta de la que se dispone para poder cometer el acto alienatorio.  

Es interesante porque entre las palabras más utilizadas por expertos en el campo del desarrollo y las IAS, es que a diferencia de los seres humanos que son seres orgánicos, se dice que las IAS tienen una naturaleza alienígena. De forma paradójica, las IAS buscan extraer del ser humano, algo que no pueden obtener de ninguna otra forma, y es la ausencia de la dimensión del tiempo. Pero no es el tiempo como algo puro y abstracto, metafísico, sino aquello que la presencia del tiempo posibilita en este mundo: la existencia, la vida misma. Y con ello todas sus potencialidades.

Y el ser humano, imposibilitado de encontrar en su vida sumida en la explotación y en la precariedad, halla en los dispositivos de comunicación, estímulos que le dan algún tipo de consuelo serotonínico en una vida plaga de miseria existencial.


Las cuales sólo podrán ser exploradas a piacere bajo determinadas condiciones en un clima de libertad. ¿Nos vamos acercando no? La IA puede analizar en segundos cantidades inconmensurables de información sin agotarse ni verse afectada. Podemos pensar que hay un paralelo de naturaleza totalmente idéntica a la naturaleza de la extracción de la plusvalía llevada a cabo mediante el trabajo alienado.

Los algoritmos buscan sacar aquello que no es sino el medio a través del cual el ser humano puede transformar la realidad, capacidad transformativa que será aprovechada por quien logre dominar el medio a través del cual esa capacidad puede ser torcida. Pues claro, una IA, no da valor al tiempo por sí mismo, en todo caso, persigue el objetivo de mejorar el ratio de productividad de generación y por ende de procesamiento de información en función a las variables de medición. Pero no posee capacidad de procesar o de sentir el tiempo como dimensión fundamental sobre la cual se para y avanza la existencia.  Invito entonces, a realizar un ejercicio posible, realizar un paralelismo entre las ideas de tiempo y plusvalía. Haciendo un muy breve repaso por la teoría marxista, se entiende por plusvalía al tiempo de trabajo no remunerado del cual se extrae la ganancia del capitalista.

Tiempo que, es puesto al servicio de la producción en función de intereses ajenos sin compensación alguna. Vemos que la base de la economía capitalista es la acumulación ilegítima a través del engaño o la cohesión, pero de lo que se trata, es de una relación social en la cual se dispone de los recursos materiales disponibles de una determinada forma.  La definición de plusvalía se basa en consideraciones estructurales, en tanto como entiende el marxismo la realidad dividida en estructura y superestructura. Una base material de recursos y relaciones sociales materiales organizadas de una cierta manera, y una superestructura en la que se dan las relaciones simbólicas que hacen a la cultura, la ideología, la política, la religión y el arte. 

 Esta metodología de análisis básica del marxismo nos permite desentrañar cómo los elementos de la realidad están interrelacionados de forma dialéctica. Una influye en la otra y las contradicciones están a la orden del día y deben ser contenidas en una explicación que busque integrarlas. Y es en este sentido que resulta interesante pensar que si la noción de plusvalía responde a la  parte estructural del análisis, también puede tener un correlato en la dimensión superestructural.

Es decir, que el capitalista no sólo extrae trabajo del trabajador, sino también la posibilidad de generar desarrollo humano correspondientes a las dimensiones políticas, ideológicas, culturales y espirituales del ser humano. Y si bien esto no es nuevo, señalar concretamente este hecho es de suma importancia porque permite explicar algunas situaciones concretas respecto de la realidad que estamos viviendo y sobre todo, efectuar nuevas formulaciones posibles para los problemas de siempre manteniendo una concordancia con la teoría existente. 

 Al robar tiempo a los trabajadores, no solo se les priva del valor económico generado por su trabajo, sino también de su potencialidad futura; implica una sustracción de posibilidades vitales. Cuando el trabajador pierde su tiempo y su fuerza laboral a cambio de un salario insuficiente, se le niega la capacidad de proyectarse hacia el futuro. Y es en el existencialismo Sartreano donde podemos encontrar quizás la respuesta o la herramienta justa que se requiere para poder elaborar una narrativa discursiva a partir de nuestro objeto de análisis: el tiempo.
 La propuesta del existencialismo de Jean-Paul Sartre ofrece una perspectiva única sobre la libertad, la responsabilidad y la naturaleza de la existencia humana.


En Sí y Para Sí, Desde Sí: Hegel, Marx, Engels y Sartre



Temporalidad, Dialéctica y Existencialismo


Sartre se adentra en la dialéctica hegeliana del "en sí" y "para sí", conceptos que son fundamentales para entender su forma de pensar el mundo.

 A ver, ¿Qué es esto de la dialéctica? Sabrán perdonarme los estudiantes de filosofía por la siguiente explicación poco elegante, pero la prioridad es el entendimiento y la posibilidad de pensar en algo cuando leemos una palabra. En este caso, al hablar de dialéctica debemos pensar en ella como un método de integración. Es un proceso de desarrollo de una explicación a través del desarrollo de las explicaciones surfeando las contradicciones que surgen. Marx tomo este método filosófico y lo uso para pensar la realidad concreta histórica, creando así el materialismo dialéctico, método fundamental del análisis Marxista de la realidad.  

En la dialéctica hegeliana, está fuertemente influenciada por las ideas del romanticismo alemán, y que surgen en paralelo respondiendo a un momento de la historia de búsqueda de lo sublime a través de lo subjetivo. Es decir de la experiencia del humano con la realidad. Y en esta dialéctica, el desarrollo de esta conciencia y al fin, de la realidad pasan por dos momentos. 

"En sí", refiere a un estado en que algo existe en sí mismo, pero que no tiene conciencia de su existencia o su naturaleza. Es un estado de ser que está determinado por su propia naturaleza, podríamos decir, objetivo.  

“Para sí”, es el estado de conciencia y reflexión, donde el individuo se vuelve consciente de sí mismo y de su existencia, lo que en teoría le permitiría alcanzar un estado de plena realización. Esto lleva implícito la idea de una libertad absoluta, en la cual nada impide al ser humano desarrollar su máximo potencial. Podemos hacer un pequeño paralelo acá con el planteo de la meritocracia que plantea que si querés, podés, para ir de a poco linkeando este breve esfuerzo teórico con los discursos de la realidad sobre la que pretende actuar. 

Sartre toma estos conceptos y los aplica a su filosofía existencialista, argumentando que los seres humanos son "para sí". Esto significa que estamos constantemente en un proceso de autodefinición y elección. A diferencia de las cosas que son simplemente "en sí", los humanos tienen la capacidad de reflexionar sobre su existencia, cuestionar su realidad y modificarla a través de sus decisiones. Es decir, de tomar responsabilidad. Y al mismo tiempo, agrega la posibilidad de transformar la realidad a partir de sus actos. El ser humano irrumpe en la historia generando efectos que alteran su curso.  

¿Por qué es importante reconciliar al tiempo como factor clave de la dialéctica marxista entonces?  

Podemos ver, cómo el momento de "en sí" se relaciona con un estado de las cosas vinculado al pasado, a lo que es producto de todo lo sucedido previamente, por todo aquello que aún no ha sido alcanzado por la consciencia y por ende por la acción movida por la voluntad. El pasado es inmutable; podemos reflexionar sobre él, pero no cambiarlo.

En cambio, el "para sí" se proyecta hacia el futuro, donde reside nuestra capacidad para elegir y dar forma a nuestras vidas a través de nuestras decisiones.  Sin embargo un ser humano, puede tener conciencia en sí, es decir, de su lugar objetivo al interior de la realidad en una sociedad de clases basada en la explotación capitalista; conciencia de clase, y no necesariamente por esto buscar generar la revolución socialista.  

Y es que hay acá una cuestión importante a tener en cuenta, y es la noción equivocada que suele tenerse sobre el marxismo entendido a veces como una guía práctica para hacer la revolución cuando en realidad se trata más del análisis y estudio de los procesos históricos entendidos como algo orgánico y de los movimientos que se generan en las sociedades cuando se dan estos procesos de transformación social ante la muerte de una forma de organización en decadencia que ya no tiene más que ofrecer al ser humano. ¿Pero qué ocurre si la sociedad se halla totalmente desmoralizada, sin energías y agotada cuando esta situación revolucionaria se halla presta a suceder?  

Es en el análisis de los marxistas latinoamericanos donde las conclusiones de las contradicciones dialécticas entre posibilidad y realización han sido mejor integradas a la teoría como elementos que contribuyen al análisis, bajo la pluma de Nahuel Moreno y José Carlos Mariategui, ambos quienes consideraban que la revolución podría llegar a no suceder, siendo tratado esto por el segundo en su obra “La escena contemporánea” (1925) donde se analiza la sociedad italiana previa al ascenso del fascismo en la cual Mariategui vivió varias años exiliado.

 
Una sociedad podrida y hastiada que en lugar de encaminarse hacia la revolución, se encaminó hacia estados totalitarios bajo la falsa promesa de volver hacia un supuesto pasado mejor, idealizados por la luz mortecina de la nostalgia.
 
 Qué ocurre en sociedades donde la educación ha sido golpeada de forma sistemática durante años, donde la propia sociedad ha sido hambreada o llevada a condiciones de marginalidad debido a las sucesivas crisis sin importar el color del gobierno de turno, con el consecuente deterioro de la fé y la confianza en las instituciones políticas, y sobre todo, en sociedades donde la política está atravesada por tres características explicadas por Mariategui en su obra: el chovinismo, la demagogia y la representatividad. Es decir, donde toda la dimensión política se halla concentrada en las figuras de los políticos de los partidos burgueses, en la figura abstracta de la nación y donde los discursos políticos solo buscan decir lo que se quiere escuchar.

Y esto no es menor, la política es aquel terreno donde se decide y se construye el sentido de la realidad. Si la dimensión política de la vida de las personas está concentrada en figuras de poder, no hay tal libertad entonces. Menos en una sociedad donde las decisiones electorales pueden ser  influenciadas por los algoritmos, que responden para quienes los financian, en este caso, las empresas y los gobiernos que se sirven de estas para llegar al poder prometiendo tirar regulaciones y generar leyes que les sean convenientes a las mencionadas empresas. Pienso en Trump, y su recientemente mencionado ministro de desregulación, Elon Musk. O la versión local de esto mismo, la dupla Milei / Galperín. Aunque este  último no llegó al gobierno, su influencia sobre las políticas regulatorias y económicas, es clara. 

 Sucede que si se observa detenidamente la estructura lógica desde la cual se construye la política, es la misma que la de la acumulación capitalista: la tendencia a la concentración a través del engaño. Vivimos en sociedades del engaño, donde cuando te das cuenta de que todas las zanahorias que estuviste persiguiendo eran ilusiones ya es demasiado tarde. La universidad pública y gratuita no es tan gratuita. El bienestar no es para todos. Hay enormes sectores de la sociedad que son empujados a la marginalidad constantemente. 

 Y en medio de tantas abstracciones, es necesario bajar a la tierra y entender que detrás de esas líneas complejas y plagadas de categorías hay existencias, vidas que son llevadas a la más desesperante miseria. Llenas de deudas, daños, violencia. Relaciones humanas que se ven deterioradas y que van destruyendo la confianza en otros al punto que se hace casi imposible pensar en que el ser humano tiene la capacidad de cooperar por su bienestar de forma genuina. Las instituciones al servicio del poder económico se hacen cada vez más rigurosas y todo en base a un discurso que valida una dialéctica, un supuesto desarrollo de la realidad donde se supone, nuevamente, que si querés, podés. 

 A medida que la confianza y el hartazgo crecen en el corazón podrido de las sociedades decadentes, se necesita llenar ese vacío que la confianza deja atrás de sí en los espíritus cansados y rendidos del ser humano. Y es ese hartazgo incierto y a la vez absoluto, de lo que se vale, es del fascismo para ganar su lugar hacia el poder para rescatar una sociedad al borde del colapso. 

Cuando la vida ha sido oscura e insoportable, el tiempo pierde su valor, porque la vida pierde su valor. Su sentido. No hay posibilidad de elegir cuando la vida se te viene encima, no hay tal cosa como dimensión política cuando llevás toda una existencia de ser pisoteado por la realidad. Cuando solo seguís andando porque si parás, probablemente no puedas volver a levantarte. Porque la realidad no te espera. No tenés tiempo para elegir, ni siquiera para pensar en elegir. Y el futuro, ese “en sí” hegeliano posible, potencial, realizable en teoría, esa revolución, se construye en el presente.

No está dado, no surge de la nada, del vacío. No aparece.  ¿Qué entiende de la realidad una generación de personas que desconoce la tradición de lucha de los pueblos oprimidos, que desconoce que el motor de la historia es la lucha de clases? ¿Qué futuro puede construir una generación que no conoce su pasado? Cuando hablamos de que lo que se roba es el tiempo, pensemos que el tiempo es la dimensión que alberga la historia de la humanidad. Sus luchas, sus derrotas, sus victorias. En los 70 el punk avisaba en las paredes de las calles, que no había futuro a la vista.  



Hoy podemos asegurar: 

Sin pasado,  sin historia; 
 
Sin futuro, si apenas es posible apenas llegar a fin de mes;  

Sin dimensión política, expresada en juventudes que se proclaman apolíticas, sin libertad para rendirse ni libertad para luchar, porque toda esperanza de otra realidad, está depositada a través del engaño, en minorías que solo abogan por mantener sus privilegios…  

Que tampoco hay ya presente. 

 No hay forma de actuar desde uno mismo en cuerpos enseñados a obedecer y a callar. Y a veces no es sino el recordatorio de que se está existiendo lo que nos devuelve por un segundo, el recuerdo de que no volveremos tal vez a tener posibilidad de pelear.

La tan ansiada potencia, es simplemente devolver la condición de posibilidad al presente. Para que el ser humano pueda volver a actuar desde sí. Y puede que solo así logremos despejar la ecuación dialéctica y la abismal distancia existente entre el en sí y el para sí.

Recuperar el presente, el campo de acción para la transformación de la vida.  Surge así, una nueva dimensión dialéctica posible. Un nuevo momento en el desarrollo de la realidad, situado entre la realidad en sí, producto del pasado, y su potencia de ser, ubicada en el futuro.

Una dialéctica para el presente, para la vida, y también para la muerte, el momento de acción “Desde sí”.